A un año de tu transformación

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A un año de tu transformación, de cómo el hecho de que las personas que amamos con el corazón llegan a estar juntas y coincidir venciendo las barreras del tiempo y espacio.
Transcurría el mes de julio del año 1998 cuando una vez más, el fórum de Valencia, se llenaría con la presencia del ídolo que, aunque siendo mexicano, era un venezolano más, porque así lo decidió ese pueblo que lo amará eternamente.

Describir su concierto… solo diré que maravilloso. Como siempre más de 10.000 personas, desde abuelitas, adultos, jóvenes, hasta niños de todos los estratos sociales envueltos en la magia de una sola voz. Cantamos cada una de sus canciones haciéndolas nuestras.
La historia real de este escrito comienza al salir de recital, cuando con mi novio nos dirigimos al estacionamiento con el propósito de buscar nuestro vehículo y regresar a casa “con mucho cuidado porque alguien nos espera con amor” (AAV).

Entonces, un rio de gente esperaba en interminables colas para salir del lugar. Casi llegando al auto me percaté de que había una señora, una dama elegante, pero muy asustada. Ella se veía dispersa buscando algo o alguien, por lo que pude percibir su angustia, decidiendo acercarme y preguntarle ¿puedo ayudarla en algo? Inmediatamente ella contestó que estaba buscando a su familia, que se encontraba perdida y no sabía dónde estaban. En medio de su incipiente nerviosismo llegó a exclamar ¡Es que me dejaron! Frase con la que reaccioné y le dije: No se preocupe, no la vamos a abandonar. Vamos a esperar un rato a ver si vienen por usted. En el caso en que no sea así la llevamos a su casa. No la dejaremos sola en este lugar.

Pasado unos minutos y al ver que el espacio quedaba prácticamente vacío, sin que nadie llegara, mi novio y yo decidimos escoltarla hasta su casa, que no estaba lejos de allí. La señora perdia ya más tranquila resulto ser muy dulce, cariñosa, circunspecta, y de una energía materna preciosa.
Así en el trayecto comenzamos una bella conversación del concierto que acabábamos de presenciar. Yo le insistí en que amaba a Juan Gabriel desde que era una niña y que me admiración y amor hacia él crecía cada día más, a lo que ella respondió “que era su madre en Venezuela y diciéndome que su nombre era Gleda de Houtman”. Miré a los ojos de Marco y él a los míos. Con la mirada nos decíamos ¡Esto no puede estar pasando! Ambos sabíamos bien lo que esa señora significaba para Juan Gabriel. La dejamos en su casa en Guaparo, asegurándonos de que se encontrara bien.
“Porque en dar está el recibir” (AAV).

Al día siguiente ocurrió lo que nunca imagine en mi vida llegar a alcanzar, la señora Gleda me permitió visitar su casa y como el acto de magia del más bello cuento de hadas y príncipes llegué hasta ahí y cuál fue mi mayor sorpresa… allá estaba un rey guapo de facciones perfectas sentado a la mesa vestido con short , playera y calzado con unos converse, estableciendo una bella conversación de sobre mesa, y en sus manos hacia flores de papel de servilletas, las mismas que en la serie su papá Gabriel le hacía a su mamá Victoria a la orilla del rio.

Me dijo Hola amor, ¿cómo te llamas? A lo que respondí… pues, ¡nada! Ante esa majestuosidad no pude pronunciar ni una sola palabra, mis ojos lo cubrían todo, mi ser me decía Marlene es real, existe, esta aquí, es una personita maravillosa. Ese gigante de los escenarios era un muchacho común, amable, tierno risueño, sencillo, genio en cada cosa que hacía, decía y con su magia intacta.

Un año después la Señora Gleda se fue al cielo y ahora Alberto ya sabe dónde está esa gran mujer, esa misma que tenía muy escondida su enfermedad, pero que años antes llenó con letras de oro y felicidad la vida de nuestro amado Juan Gabriel, convirtiéndose con ello en una de sus más amadas madres venezolanas, misma a la que debo agradecer haberse cruzado en mi camino aquella noche de julio. La realidad siempre supera a la ficción. Como pudo ser posible que entre más de diez mil personas que ahí se encontraban ella llegara a mí. Hoy estoy segura que fue el mismo Alberto con su bella energía que la puso como un imán de amor en mi camino y a mí en el de ella para que nos juntáramos, porque en la vida nada es casualidad todo es causalidad.
“Todos los que se aman deben vivir juntos o muy cerca” (AAV).

A un año de tu transformación es la primera vez que cuento como fue que pude ver tus ojos buenos con los míos y apreciar así el reflejo de tu luminosa alma a través de ellos, sentir tu respiración y compartir de cerca el mismo aire, saber que tu magia también era un cuerpo real con unas manos tibias de piel muy suave, y establecer así una conexión infinita de tu alma con la mía, lo que sería el primero de muchos encuentros maravilloso en este planeta azul y en un pedacito de tierra llamada Venezuela.

Es difícil explicar al corazón porque te fuiste tan pronto. Siempre me había hecho la idea de verte viejito y algún día cuidar cada lugar para estar segura de que por donde pasaras estuvieras a salvo, pero la historia no fue así. Un domingo como hoy dejaste de respirar y te fuiste de la tierra al planeta Erra, donde dijiste que pertenecías. Te fuiste a tu verdadero hogar. Los reyes angelados como tú no son de este planeta, solo nos los prestan un ratito para que aprendamos las lecciones a través de ellos.

Vuela alto, amor, en esa dimensión, donde te encuentres, goces de la fuente del amor infinito y una madre maravillosa que te arrulle en sus brazos, que te deje salir a volar todos los días y que al llegar a casa tu padre te reciba con una sonrisa y se regocije cuando vea en tus ojos buenos la grandeza de tu espíritu.

Qué lindo es que ahora puedas hacer con libertad todo lo que siempre anhelaste: cantar por todas partes y unirte a los coros de querubines buenos como tú. Es hermoso saber que todos los días bailas en la luna y la iluminas con la hermosura de tu esencia infinita de rey sol.
Eres y serás una lección de amor para el mundo.

Bella Marlene

 

 

 


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